Daño Cerebral - Consideraciones Generales y Repercusiones Funcionales.


El término daño cerebral hace referencia a una lesión que afecta a parte o a la totalidad del tejido cerebral, a consecuencia de la cual se produce una pérdida de funciones cerebrales antes presentes. La pérdida de una(s) función(es) cerebral(es) afecta a todas las esferas de funcionamiento del paciente, limitando su autonomía personal, lo que le hace, en muchos casos, dependiente de una tercera persona. En todo caso supone tal impacto en el desarrollo del sujeto, que precipita una interrupción del proyecto vital del paciente y de su familia. El daño cerebral adquirido (DCA) es la principal causa de discapacidad del adulto en los países de nuestro entorno.



Las causas más comunes de daño cerebral incluyen:

Traumatismo craneoencefálico (TCE). Las causas más frecuentes son accidentes de tráfico (el 80% de los casos), accidentes laborales, práctica deportiva, y caídas de diferente índole.
Accidentes cerebro-vasculares (ACV). lesiones derivadas de una alteración o interrupción del sistema de riego sanguíneo del cerebro, como las embolias y trombosis, o de las hemorragias cerebrales, incluyendo ruptura de aneurismas, o malformaciones de las venas y arterias que irrigan el cerebro.
Anoxias o hipoxias. Ambos términos se refieren respectivamente a la ausencia o pobre oxigenación del cerebro por un intervalo de tiempo determinado, lo que provoca la muerte neuronal de parte del tejido cerebral.
Tumores cerebrales. Tanto el propio tumor, como los diversos procedimientos orientados a su eliminación (cirugía, radiación) causan daños importantes en el tejido cerebral circundante.
Otras causas incluyen encefalitis de diversas etiologías, que pueden ser consecuencia de un proceso infeccioso, vírico, o de envenenamiento por sustancias tóxicas.






Secuelas del daño cerebral adquirido.

Las secuelas que presenta una persona tras una lesión cerebral se deben a muchos factores que actúan de forma conjunta. Este hecho hace que para cada persona con una lesión cerebral, sea imprescindible una evaluación individualizada y exhaustiva de las posibles secuelas a nivel físico, cognitivo y conductual-emocional, con especial énfasis en determinar su capacidad de autonomía personal, y por ende, la sobrecarga objetiva y emocional de sus cuidadores. Así mismo, es fundamental la intervención sobre su ambiente, para que éste sea lo más rehabilitador o estimulante posible.

El daño cerebral puede afectar a todas las áreas del funcionamiento del ser humano, ya que desde el cerebro se organizan, planifican y ejecutan todas nuestras conductas. Para una mejor comprensión de las secuelas del daño cerebral, éstas se suelen agrupar en cuatro dimensiones o áreas de afectación, que pueden solaparse en un mismo paciente:

• Déficits físico-motores: Las alteraciones en el sistema motor incluyen alteraciones del equilibrio, alteraciones o incapacidad para la bipedestación (mantenerse de pie), alteraciones o incapacidad para la marcha, limitaciones o alteraciones en el movimiento de una o varias extremidades, o incluso el control del tronco y cabeza en situación de reposo. Otras alteraciones que pueden surgir, relacionadas con el sistema motor y sensorial, son: temblores y sacudidas, falta de sensibilidad y movilidad fina en miembros del cuerpo, e incluso pérdida parcial o total de alguno de los sentidos, como la vista.




• Déficits Cognitivos o Intelectuales: El término déficit cognitivo engloba las alteraciones en las funciones cognitivas o intelectuales superiores. Las alteraciones cognitivas más habituales son déficits de aprendizaje y memoria, déficits atencionales, alteraciones del lenguaje (comprensión y expresión), alteraciones del pensamiento formal (razonamiento lógico-deductivo, resolución de problemas, abstracción) y alteraciones en la regulación de la conducta propositiva o dirigida a una meta (planificación, iniciación, autorregulación conductual). En definitiva, puede verse afectada la capacidad de pensamiento, toma de decisiones y control consciente de nuestra conducta.

• Alteraciones de las Habilidades Comunicativas: En realidad, la alteración de la comunicación suele darse como consecuencia de la alteración de habilidades físicas y cognitivas o la combinación de las mismas. Cuando se trata de alteraciones físicas, se puede producir una alteración de la expresión por vía oral (debido a la pérdida de control de los músculos fonoarticulatorios), escrita (pérdida de control de los miembros superiores) o de la comprensión (pérdida de la capacidad de audición o interpretación de sonidos). Así mismo, existen alteraciones propias del lenguaje que producen la incapacidad para la expresión oral fluida o comprensión oral, a pesar de que el sistema físico-motor permanezca intacto (por ejemplo, alguien que podría hablar, pero no encuentra las palabras). En este caso, se trata de una alteración de los procesos básicos del lenguaje (comprensión, expresión) denominada de forma genérica afasia.

• Alteraciones Conductuales y/o Emocionales: De forma paralela a la presencia de alteraciones cognitivas, y asociada a éstas, es frecuente la aparición de alteraciones conductuales y/o emocionales, que se refieren a los cambios de carácter o en la personalidad del sujeto que su familia refiere tras el daño cerebral. El origen de las alteraciones conductuales se podría considerar de dos formas alternativas: a) Falta de inhibición o freno, lo que causa desinhibición conductual. Ejemplos de desinhibición son todas aquellas conductas irreflexivas, como hacer o decir todo lo que se le ocurre en un momento dado, sin considerar si es apropiado o no, o si molesta a los demás; realizar una conducta a pesar que supone ponerse a sí mismo o a los demás en riesgo; comer o beber compulsivamente; repetir una conducta o un comentario reiteradamente; no respetar las normas sociales ("tomarse excesivas confianzas"); ser más cariñosos de lo habitual; intervenir en las conversaciones en el momento o del modo inapropiado; gritar; etc. En ocasiones, esta desinhibición provoca conductas física o verbalmente agresivas. De forma alternativa, algunas personas con daño cerebral presentan un b) Exceso de inhibición o freno, o pobre iniciativa conductual: en este caso el paciente muestra rasgos de apatía, como no iniciar actividades si no se le piden explícitamente; no disfruta tanto de las cosas que antes le gustaban, tiene sensación casi constante de agotamiento y letargo; y a nivel afectivo, apenas expresa las emociones o se observa un mínimo cambio en su estado emocional, salvo aparentar estar triste.


Estos son los cambios más frecuentes a nivel conductual. A nivel emocional, es posible que la persona con daño cerebral se encuentre más irritable, impaciente, con explosiones súbitas de ira; síntomas de depresión, desánimo, o que se produzca el fenómeno que los profesionales denominamos labilidad emocional, que consiste en que la persona con daño cerebral tiene más cambios (alti-bajos) emocionales, y sobre todo se vuelve emocionalmente más sensible.

Finalmente, una característica muy frecuente de las personas con daño cerebral, es que éstas no sean conscientes de los déficits o dificultades derivadas de la lesión cerebral (anosognosia), especialmente cuando se trata de alteraciones cognitivas y emocionales. Si aparece este síntoma, frecuentemente la persona afectada rechaza la ayuda o dirección de quien le supervisa, lo que dificulta su cuidado y rehabilitación.

Factores Pronósticos:

Existen varios factores que condicionan la evolución o recuperación de las secuelas originadas por el daño cerebral adquirido (DCA). Las variables que en mayor medida determinan la futura evolución de las secuelas del DCA dependen fundamentalmente de cuatro factores: dos de ellos directamente relacionados con la lesión cerebral, como son la gravedad y el perfil de afectación; un tercer factor, relacionado con las características personales y del entorno del sujeto, y un último factor, que hace referencia a las características del programa de rehabilitación.

Finalmente, la evolución de las secuelas del daño cerebral depende en gran medida de las características del programa de rehabilitación. En este sentido, un factor pronóstico positivo es el inicio temprano del programa de rehabilitación, ya que se ha demostrado, que cuanto antes se inicie éste, mayor es la recuperación funcional. Otro aspecto fundamental, son las características del programa de rehabilitación, ya que se ha demostrado que no todos tienen la misma eficacia. Cabe destacar que resultan más efectivos los programas de rehabilitación que son integrales (abordan todos los ámbitos de funcionalidad del paciente), individualizados (el diseño del programa se adapta a las necesidades específicas del paciente y su familia), multidisciplinar (requiere la intervención conjunta y coordinada de varios especialistas), centrada en actividades relevantes para el paciente, y que atiende de forma conjunta a las necesidades no solo del afectado, sino también de sus familiares y/o cuidadores

La Neuropsicología es la Neurociencia que estudia de un modo integral las funciones mentales superiores (procesos cognitivos), la emoción (estado de ánimo, motivación, etc) y la conducta (comportamientos observables).

Evaluación Neuropsicológica.

La Neuropsicología emplea distintas técnicas de evaluación para explicar las relaciones entre el cerebro y la conducta. Una evaluación neuropsicológica tiene como principales objetivos:

1. Determinar el impacto del daño cerebral sobre las funciones cognitivas y la personalidad.
2. Contribuir en el diagnóstico de patologías neurológicas.
3. Elaborar programas de rehabilitación o estimulación neuropsicológica tras el daño cerebral o deterioro cognitivo.
4. Valorar la evolución de los pacientes a lo largo del tiempo.
5. Empleo del diagnóstico y de los déficit encontrados para valoraciones periciales y forenses en caso de incapacidad, accidente o deterioro.

Los test de evaluación neuropsicológica son el método de valoración más específico que utiliza la Neuropsicología, y suelen ser más sensibles a los efectos que produce el daño cerebral que otras técnicas más sofisticadas (neuroimagen o neurofisiológicas), sobre todo en trastornos neurofuncionales, dónde los déficit cognitivos no se reflejan. La evaluación neuropsicológica es una tarea compleja, que requiere una aproximación multidimensional, resaltando y diferenciando las capacidades neuropsicológicas preservadas y las afectadas.

Las técnicas empleadas para la evaluación dependerán de los objetivos perseguidos, la entidad clínica estudiada y el estado cognitivo del paciente. Esta es una herramienta impresindible al momento de llevar a cabo el tratamiento neurorehabilitador para poder asi favorecer al restablecimientos de funciones comprometidas, a la reinserccion laboral, social y familiar del paciente.


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Comentarios

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